No han pasado ni 15 días desde la Bowieruta y ya estamos otra vez de parranda. En esta ocasión es Jaime quien organiza un sarao de esos que se recordarán pasados los años, y el escenario, los valles y montañas de Soria, aunque llegamos a rodar incluso por La Rioja.




Quedamos ocho el sábado a las 8:00 en Villaciervos, a unos escasos 15 kilómetros de Soria capital. A la sazón, Jaime, Josee, Javi Revenga, FelixQuad, Clete, Jesús, AngleBG y yo, Carlosio1001. Angel y yo cenamos con Jaime y dormimos en su casa de San Esteban la noche anterior para evitarnos el madrugón, y de paso alimentar nuestras ganas de ruta con imaginativas y calenturientas historias de pueblos abandonados morados sólo por ninfas hambrientas de dispuestos quadtreros. Sí, se nos iba la olla mientras nos ventilábamos una copa en un garito del pueblo que más bien parecía sacado de una peli de Almodóvar. Sólo faltaba Chus Lampreabe sirviendo licores a discreción...








En fin, a las 6:00 suena el despertador. Nos duchamos, desayunamos en casa de Jaime (es un detallista y está en todo…. zumos de naranja, café donuts… Y nos ponemos en marcha. Perfectamente sincronizados (como Angel y yo, que nos habíamos encontrado en la A1 sin haber quedado previamente, al bajar al portal pasan por la calle Jose y Javi con sus coches... Llegamos a Villaciervos, y allí ya estaba Félix. Clete y Jesús aparecieron a la hora. Nos preparamos y salimos poco después de la 8:00, con las primeras luces del alba, rumbo norte, con frío, pero sin la lluvia del día anterior. Los primeros kilómetros discurren por unas pistas pedregosas muy bonitas. Partimos de los 1.200 metros de altitud, atravesamos un inmenso valle donde se protegen municipios como Oteruelos o Hinojosa de la Sierra. Un par de horas después alcanzamos cotas de 1.800 metros, que vendrían a constituir el techo de nuestra ruta. La temperatura no es demasiado fría, nos acercamos a 1º C positivo, pero con el fuerte viento reinante la sensación térmica es la de que estamos en el polo. Es ese mismo viento el que seca los caminos que tan sólo un día atrás estaban completamente húmedos. Y aunque vamos pisando charcos, en algunos tramos se levanta el incómodo polvo a nuestro paso. Vamos alternando pistas algo ratoneras y rotas con otras rápidas y divertidas que nos permiten trazar curvas dejando que la inercia del quad lo cruce. Disfrutamos de unas bellas vistas, que bien se deleitan con inmensos montes de pino negro y sabinas (unos árboles que sólo se encuentran aquí y en el norte del Atlas, capaces de evolucionar en zonas pedregosas –según leo en internet-) o bien se pierden en la inmensidad de los valles y montañas que atravesamos. La necesidades perentorias y los cigarritos constituyen la excusa para hacer unas pocas paradas, aunque el programa de ruta meticulosamente elaborado por Jaime no permite desmanes ni devaneos (aún recuerdo esa parada con la historia de Bowie, la negra y el quickly, quickly…). Sólo pasamos algo más de tiempo contemplando uno de esos pueblos abandonados de las Tierras Altas de Soria (La Vega). Pero por más que buscamos entre las piedras de sus centenarias casas derruidas, no encontramos esas ninfas hambrientas que Jaime, Angel y yo habíamos vislumbrado, copa en mano, la noche anterior…








Si bien no hubo ningún incidente reseñable (y eso que éramos ocho en ruta), sólo una batida de caza hizo que Jaime tuviera que improvisar para encaminarnos hacia San Pedro de Manrique. El organizador del evento nos advirtió de fuego cruzado en el camino (por un momento creí que el mismo Rambo bajaría de la montaña metralleta en mano) y si bien yo habría continuado, voces más sensatas y precavidas indicaron que lo mejor era de dar la vuelta (una perfecta excusa para volver otro día y disfrutar de esa zona, como dijo Jaime). Ya en San Pedro, y tras abrir una gasolinera para que pudiéramos repostar sólo nosotros, dimos buena cuenta de unas migas castellanas, unos revueltos, entrecots, y demás ricas viandas que despachamos entre frías cervezas y algo de vino con gaseosa.








Con el estómago lleno, calentitos nuestros cuerpos y con 100 kilómetros por delante, emprendimos la vuelta a Villaciervos. La poca luz de un día nublado pronto desapareció, dando paso a una siempre motivadora y excitante fase de ruta nocturna. Es entonces cuando se le da todo el valor a los GPS, que permiten navegar a ciegas entre los mil y un caminos rurales ocultos por la noche y la maleza. Jaime dio pruebas más que suficientes de estar graduado con honores en esa labor llevándonos “a casa “, y eso que tuvo que introducir correcciones sobre un track “roto” por caminos que en algunos puntos terminaban en nada. Siempre resulta emocionante evolucionar entre piedras y senderos iluminados sólo por los faros de tu quad (aunque Angel abuse con esos proyectores PIAA que convierten la noche en día montados sobre su súper Can Am –es lo que tiene ser un tío grande-).
Al final, después de 276 km, habiendo estado en marcha 7 horas y 25 minutos y descansado 4 y 12 entre comida y paradas (según mi procesador de ruta), llegamos a Villaciervos donde la despedida entre los ocho quadtreros fue como siempre, medio fijando la próxima ruta…. Se admiten sugerencias.
Carlos (Carlosio1001) & Jaime (Jaime), Jose (Josee), Javi (Javi Revenga), Angel (AngleBG), Félix (FelixQuad), Clete, y Jesús.
Organiza Jaime-mundorutas, Crónica de Carlosio1001 publicada por Josee




























